[Fic] La Misión

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[Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Vie Sep 19, 2014 11:05 pm

Pues... Un día iba a pasar. Un día iba se me iba a ocurrir una idea e iba a querer ver si podía llevarla a buen puerto. Ese dia, para su desgracia, ha llegado.

...esto... Creo que no estoy vendiendo muy bien este fic, ¿Verdad? xD Bueno, comenzemos de nuevo.

Esta historia se me ocurrió durante las vacaciones de Invierno, hará ya un par de meses. Desde entonces he ido escribiendola y reescribiendola a paso de tortuga, y por fin está lista para irse publicando. Desde el vamos les advierto que hay mucha improvisación, y a veces me paso de dramático o hasta de cursi, por no hablar de mi pésimo talento para inventarme nombres xD Por lo que no les prometo una obra maestra ni mucha originalidad, pero sí al menos algo entretenido.

Dicho esto, vamos con los datos puros y duros. Este fic está pensado para ser semanal, y constaría de 12 capítulos, contando el Prólogo y el Epílogo. Está ambientado en nuestra querida Bumania, aunque no habrá ningún cameo, lamentablemente, pero tal vez si algún guiño. Usaré OSTs para ambientar. Admito que al no basarme en un juego especifico, puede ser bastante random, aunque elegiré siempre lo que juzgue mejor para cada escena xD

Bueno, ya hice un preludio bastante grande xD Comencemos.

Spoiler:

Prólogo: El Visitante

Antes de comenzar con esta historia, tal vez sea necesaria una presentación. Mi nombre es Robert Lewis, y soy un mero detective privado. En una ciudad como esta, cada día es Navidad para mí. Sin embargo, no me hice detective privado por gusto... Dígamos que... Es lo único que se me dá bien en la vida. Tal vez, conforme avance este relato, lo comprendan. Pero... ¿Qué es este relato? Esta es una historia tal vez no muy original, pero aún así verídica. La historia de como un acontecimiento devino en otro, revelando lentamente una maraña de problemas que tardó años en llegar a una conclusión. Dicho esto... Bueno, creo que podemos comenzar.

Lo ví entrar en la oficina, envuelto en aquel andrajoso abrigo color violeta. Del pelo negro azabache asomaban algunas canas, y tenía un par de arrugas en el rostro. Debía de tener 40 años, mas o menos. ¿Qué querría un hombre como él de mí?

Con una seña, le indiqué que se sentara. Atravesó el despacho lentamente, como si cada movimiento le costara un enorme esfuerzo. Se sentó frente a mí, y me miró directamente a los ojos. Al verlos, pude reconocer una cosa...

El miedo.

En los ojos de aquel hombre había reflejada una desesperación y un pánico que no alcanzaba a imaginar. Las pupilas dilatadas... Los movimientos rápidos de los ojos, como si se aprestaran a buscar alguna amenaza cercana... Todo en aquel hombre denotaba un profundo miedo. Pero... ¿A qué?

-Saltemonos las presentaciones. -Dijo el hombre, con voz monotona.- Necesito su ayuda.

¿Como podía hablar de forma tan tranquila estando tan asustado? Aquel hombre era todo un enigma. A pesar de que era una circunstancia bastante irregular, decidí seguirle el juego, al menos por el momento.

-De acuerdo. Dígame, entonces. -Le dije.

El hombre asintió con la cabeza. Se aclaró la garganta antes de hablar, como si no pudiera permitirse un solo error.

-Mañana, a las 13:00... Una chica atravezará el parque Kibou. Durante ese recorrido... Esa chica será asesinada.

Me incliné hacia adelante, y fijé mi vista en él. Cada palabra, cada línea de su discurso, había sido cuidadosamente recitada. ¿Cómo era eso posible, si se podía ver a la legua que aquel hombre estaba muriendo por dentro?

-Su... trabajo, por así decirlo, es evitar que esa chica muera. -Continúo, imperturbable.

Tras aquella línea, no me quedó ninguna duda. Ese hombre estaba siendo amenazado. Esa era la única explicación. Era ese mismo miedo el que lo obligaba a recitar todo tan cuidadosamente. ¿Podía confiar en aquel hombre? No, esa ya no era la pregunta. Llegados a este punto, la pregunta era... ¿Tenía opción?

-¿...y si me niego? -Dije, finalmente.

-Bueno, en ese caso... No habrá nadie que salve a la... -Por un momento, vaciló.- ...chica. Y morirá. -Dijo.

Me volví a reclinar en mi asiento mientras consideraba mis opciones. Definitivamente, no podía confiar en un acuerdo realizado en tales circunstancias. No debía nada a aquel hombre. Podía echarlo de mi oficina y acabar con todo esto, pero... Si decía la verdad... Esa chica... Fuera quien fuera... Pagaría mi negativa con su vida. ...no podía negarme. Era una carga muy grande como para tener que soportarla... De nuevo.

-Acepto. -Dije, finalmente.

Por unos segundos me pareció ver algún brillo alegre en sus ojos, pero este desapareció rápidamente. Una vez hubo obtenido mi respuesta, el hombre se levantó de su asiento, dispuesto a irse.

-¿Como la reconoceré? -Dije, de repente. Acababa de caer en la cuenta de que no conocía absolutamente nada de la persona que tenía que salvar.

-Oh, lo hará... No se preocupe...

Se dió la vuelta y se dirigió hacia la puerta. Lo contemplé irse, sin saber que hacer. ¿Podría preguntarle algo más?

-¿Quién lo está controlando? -Pregunté, finalmente. Sabía que no podría responderme, pero aún así... Debía intentarlo.

Se detuvo con la mano a unos centímetros del pomo de la puerta, como sopesando si decirme algo o no. Finalmente, sin siquiera darse la vuelta, me respondió.

-No puedo decirle eso.

Dicho esto, abrió la puerta, y abandonó la oficina. Antes de que la puerta se cerrase, podría jurar que lo escuché musitar algo.

-Las cartas están sobre la mesa. -Dijo.

Una vez se hubo marchado, me quedé allí, rumiando, buscandolé sentido a esta reunión nefasta. ¿Debía salvar a alguien? ¿Y era el único que podía realizar el trabajo?

Por unos segundos consideré el llamar a la policia. Incluso extendí la mano hacia el telefono, pero algo me detuvo, una especie de corazonada. Algo en mi interior me decía que nada bueno pasaría si alertaba a las autoridades.

Un par de horas despues, me levanté de mi asiento, y salí de mi oficina. Me encaminé a mi hogar, donde, una vez que fui recibido por el silencio de siempre, me retiré a descansar. Al día siguiente tenía una empresa muy importante, y no podía permitirme fallar.

Al despertar, desayuné con una noticia trágica, mas no inesperada. La pasada madrugada habían encontrado muerto a un hombre en la orilla del río. No se habían filtrado muchos datos oficiales. Lo único seguro era que estaba envuelto en, como no, un abrigo violeta.

Y... Eso fue todo, al menos por ahora. Espero que les haya gustado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por </Samcker> el Sáb Sep 20, 2014 9:38 pm

Vaya... dices que no se te da muy bien, pero me encanta como describes.
A ver si lo continúas pronto ^^
Lo único los diálogos, que son muy secos; pero supongo que es por la tensión del momento.

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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Sep 27, 2014 2:01 am

Pues, Capítulo 1 xD Ojalá lo disfruten.

Yaki, te agradezco el consejo de los dialógos. En este capítulo no hay muchos, pero lo tendré en cuenta.

Spoiler:

Capítulo 1: Un reencuentro inesperado


La muerte de aquel hombre confirmó mis sospechas. No llamar a la policía había sido lo correcto. Había algo oculto en las sombras. Por supuesto, era una mera corazonada... Pero...

Miré mi reloj. Las 12:59. Esa chica debía pasar por aquí en cualquier momento. Pero... ¿Como la reconocería? La noche anterior, aquel hombre me había asegurado que la identificaría sin problemas. ¿Era eso posible? ¿Quién sería la misteriosa chica que debía proteger?

Un zumbido me distrajo de mis pensamientos. Era la alarma del reloj, indicandome que eran las 13:00 en punto. Miré a mi alrededor. Ese día, el parque estaba mas solitario que de costumbre. Tal vez, si fuera fin de semana, el lugar estaría lleno de familias. Pero un Jueves como hoy, quién no se encontrara en el colegio debía de estar trabajando. Solo había unas dos o tres personas en el parque, lo cuál me facilitaría enormemente el trabajo.

Pero... Ninguna de esas personas era la chica que buscaba. Había un hombre de traje haciendo señas a un taxi, una señora mayor dando de comer a las palomas... Y un joven con pinta rebelde haciendo un grafiti en la fuente. Tuve el impulso de ir a detenerlo, pero me contuve. Debía dejar mis responsabilidades ciudadanas de lado, y centrarme en el caso en cuestión. Una vida dependía de ello.

Sin embargo... Ninguna de las personas en el parque concordaba con lo poco que sabía de mi “objetivo”. Pero... ¿Por qué?

Tras unos segundos, comencé a pensar que todo era una simple broma. ¿Me habían engañado, acaso? Me levanté de la banca, dispuesto a irme, cuando... Alguien pasó frente a mí.

Fue una visión fugaz, que duró apenas una fracción de segundo. Cuando volteé para verla, ya me daba la espalda, pues iba caminando bastante rápido. Sin embargo... Tenía que ser ella.

Era una chica de unos 15 o 16 años, por cuya espalda caía una desordenada melena castaña. Era la única chica en el parque. Ella era la persona que tenía que salvar.

Volví a revisar la plaza, pero no ví a nadie sospechoso cerca. La plaza seguía tranquila. Nada parecía romper su monotonía. Comencé a seguirla, lentamente, mientras me preparaba para salvarla de cualquier posible peligro.

Una sensación comenzó a nacer dentro de mí. Era una sensación que me era ya tan querida como conocida. La adrenalina. A pesar de que una vida dependía de ello... A pesar de que mi propia vida podía estar en riesgo... A pesar de que sabía que aún no había llegado a arañar siquiera la superficie del asunto... No podía evitar disfrutar la situación. Guiado por esta sensación irresistible, comencé a acelerar el paso.

Llegamos a la fuente que marcaba el centro de la plaza. Ya me encontraba a unos pocos pasos de ella. Decidí que lo mejor era hablarle. Extendí la mano, dispuesto a detenerla, cuando...

Se dió la vuelta.


-¿Pero qué demonios...? -Mientras hablaba, mi mente su sumió en el mas profundo aturdimiento.

Con cierto desdén, la chica se cruzó de brazos, al tiempo que fijaba en mí aquellos ojos verdes.

-¿Por qué me está siguiendo? -Preguntó.

No respondí. No podría haberlo hecho aunque quisiera. Solo podía contemplar aquellos rasgos angulosos... ¿Por qué ella? ¿Qué hacia ella aquí? Pero entonces...

-¡Cuidado!

Sin importar lo absorto que estuviera, sin importar la desesperación que me embargara... Mi entrenamiento no iba a permitirme pasar ESO por alto. Y es que, detrás de ella... Sobre un edificio frente a la plaza... Acababa de asomar una silueta.

Inmediatamente me lancé hacia ella, y caímos juntos al suelo. Me las arreglé para caer sobre las manos y no aplastarla, pero quedamos en una posición sumamente ridícula.

Nos miramos fijamente por unos segundos, sin saber que decir. Finalmente, ella rompió el silencio.

-¡Sueltame, pervertido! -Gritó, al tiempo que se retorcía en el suelo.

“¿Pervertido?”, pensé. “Bueno, teniendo en cuenta la posición en la que estamos... No es tan descabellado, pero... ¿Realmente tengo cara de pervertido?”

Sacudí la cabeza. No podía permitir que esos pensamientos me nublaran la mente. En especial en ese momento. La chica comenzó a retorcerse, intentado salir de debajo mío.

Como por reflejo, sostuve sus manos con firmeza, para evitar que se moviera, pero comenzó a gritar. Las pocas personas que había en el parque comenzaron a voltear hacia nosotros.

La situación se me estaba llendo de las manos. Permanecer allí tendidos mas tiempo era un suicidio, pero tampoco podía salir corriendo con ella como si nada.

Y entonces, justo entonces... Escuchamos un ruido sordo, muy cerca nuestro. La chica giró su cabeza hacia un lado solo para ver como, a unos centimetros de su cabeza, había aparecido un agujero. Un agujero de bala.

Volvió a mirarme, con una expresión menos hostil.

-¿Como... supiste...? -Las palabras le salían con dificultad, pero no había tiempo para conversaciones.

Me incorporé casi de un salto y la tomé de la mano, arrastrandola tras de mí. Comenzamos a correr a toda velocidad. ¿A donde? Hacia el edificio desde donde venía el disparo, por supuesto. Una idea arriesgada, sin duda. Incluso podría decirse que descabellada. Pero... ¿Qué mejor lugar para ocultarse de un francotirador que bajo sus propios pies? Además, no bastaba solo con evitarlo. Mi trabajo era neutralizar la amenaza. Mientras corría, sentí como aquella euforica sensación me llenaba el cuerpo. Una sensación tan reconfortante que ni aquel nefasto encuentro podía opacar.

Ojalá les haya gustado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por veroub el Sáb Sep 27, 2014 2:05 am

...Jo...Der, macho. Esto es...¡Esto es buenísimo! Esperando imapcientemente el siguiente capítulo.

Y no digas que vas por mal camino, por que escribiendo, por lo que he podido ver, eres un as, macho.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por </Samcker> el Sáb Sep 27, 2014 10:34 pm

Genial, mucha intriga para el próximo capítulo ^^
Que nervios

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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Oct 04, 2014 3:10 am

Capítulo 2. Otro con pocos dialógos xD Como siempre, ojalá les guste.

Spoiler:

Capítulo 2: Consecuencia Imprevista


Decir que “nos dirigiamos” no era muy preciso. Mas bien la estaba llevando a rastras. La chica me ofrecía resistencia a cada paso que daba. A pesar de haberle salvado la vida, ella parecía no confiar en mí.

Volteé la cabeza, sin siquiera detenerme, y noté que seguía en estado de shock. No podía culparla. Una persona normal tardaría días en recuperarse. Claro que... Ella estaba lejos de ser normal. A los pocos segundos, una nueva preocupación apartó estos pensamientos de mi cabeza:

“¿Por qué? ¿Por qué no me reconoce?”, pensé.

Continuamos corriendo, hasta llegar a un viejo y destartalado edificio de apartamentos. Una vez estuvimos a salvo, solté a la chica. No había ascensor, y tampoco había visto salir al matón, así que esta debía de seguir arriba.

-¡Quedate aquí! -Le dije, mientras me lanzaba hacia las escaleras, sin perder un segundo.

Comencé a ascender rápidamente, al tiempo que me llevaba la mano al cinturón y sacaba la pistola. El contacto de mi mano con el arma me produjo una sensación casi nostálgica. Hacía mucho tiempo que no usaba una.

Mientras subía, deseé que la chica se quedara allí. No sabía que estaba haciendo en ese parque, ni porque me habían “contratado” para que la protegiera. Pero si alguien tenía las respuestas, era ella.

Finalmente, llegué a la puerta de la azotea. Con la mano libre comprobé que estaba abierta. Me tomé un segundo para respirar. No importaba la euforia que sintiera, debía mantener la mente fría. Por unos segundos, dejandome llevar por aquel reencuentro, regresé mentalmente hacia aquel fatidíco “trabajo”.

Pero al instante siguiente, la ilusión se rompió. Abrí la puerta suavemente, y salí al exterior.

Al salir, miré a mi alrededor. La azotea parecía estar vacía. A unos metros delante mío estaba la cornisa, rodeada por una barandilla para evitar desgracias. Lentamente, avancé unos pasos hacia ella. Desde allí tenía una vista magnífica del paruqe. Podía ver a cada persona que estaba por allí. Decidi acercarme más y revisar el suelo, tal vez pudiera encontrar algún rastro. Pero, apenas hube dado un paso...


Alguien se me lanzó por detrás, inmovilizandome. No podía estar seguro, pero, por su voz, parecía ser un hombre. Forcejeamos durante algunos segundos. La pistola salió volando, manotazo mediante. Finalmente, consiguió cerrar su brazo en torno a mi cuello y comenzó a asfixiarme. Intenté sacarmelo de encima, pero fue en vano. Aquel hombre era extraordinariamente fuerte, y se aferraba a mí como una roca.

Lentamentre, su brazo se iba cerrando más y más. Y, mientras tanto, yo me sumía más y más en las tinieblas. La falta de oxígeno pronto me impediría pensar. El tipo era, decididamente, mas fuerte que yo. Así que decidí recurrir a un truco algo sucio. Utilizando las pocas fuerzas que me quedaban, me lancé hacia atrás. Tomado por sorpresa, mi atacante perdió el equilibrio y ambos caímos al suelo.

Caí encima suyo. La sorpresa y el dolor lo hicieron ceder un milimetro. No era mucho, pero me bastó. Conseguí zafarme, y me alejé unos pasos de él. Era, efectivamente, un hombre. Este se dispuso a volverme a atacar pero, esta vez, yo ya estaba listo. Ya no iba a bajar la guardia.

Intentó darme un derechazo, el cuál esquivé, e intenté golpearlo directo en la cara. A pesar de que logré golpearlo, el tipo siguió atacando. El hombre se basaba casi exclusivamente en la fuerza bruta, por lo que yo solo tenía que esquivar sus ataques, y devolverlos cuando se presentara la oportunidad. A este ritmo, tan desgastante para mi oponente, el ganador terminaría siendo yo. Sin embargo, no contaba con que mi adversario tuviera una última carta bajo la manga.

Retrocedió súbitamente, mientras sacaba un rifle de entre sus ropas. Era, indudablemente, el arma que había usado para disparar hacia el parque. Me apuntó con el arma, y yo, incapaz de hacer nada, levanté las manos, en señal de rendición.


-Menudo imbécil resultaste ser. -Dijo entonces el hombre.- Mis ordenes eran no hacerte daño bajo ninguna circunstancia... Pero no me dejaste otra opción.

-¿Y por qué me lo cuentas? -Pregunté. A pesar de todo, no pude evitar sonreír. ¿Por qué los asesinos  están tan obsesionados con el melodrama?

Por toda respuesta, el hombre soltó un gruñido, al tiempo que su dedo se deslizaba por el gatillo. Por unos segundos... El tiempo se detuvo. ¿Este... era el fin? Clavé la vista en el hombre que me daría muerte. Si me había llegado la hora, lo haría dejando en claro que sentía cualquier cosa, menos miedo.

Tal vez, incluso... Fuera lo mejor. Tal vez así no tendría que dar la cara ante ella. Desde el momento en que la ví... Supe que iba a tener que hacerlo tarde o temprano.

El hombre apretó el gatillo y yo, por reflejo, cerré los ojos. Al instante siguiente, la tranquila tarde se vió interrumpida por el atronador sonido de un disparo.

...
...
...
...
...



¿Estaba muerto? No. No lo estaba. Podía sentir la brisa contra mi cara... Y el suelo bajo mis pies. Pero... Entonces... ¿Qué pasó con el disparo? Guíado por un presentimiento fúnebre, abrí los ojos. Justo a tiempo para ver como, en camara lenta, aquel hombre caía al suelo, inerte.

Pero... ¿Como era posible? Por un segundo creí que, tal vez, se había disparado a si mismo... Pero eso era ridículo. Entonces... ¿Había disparado otra persona? Era lo mas probable, pero... ¿Quién podía...?

“No. Por favor, no. No. Cualquier cosa... Menos esto.”

Detrás de aquel hombre, con el arma aún humeante entre las manos... Estaba aquella chica. Por unos segundos se quedó allí, quieta. Inmóvil. Como tratando de asimilar lo que había hecho. Finalmente, bajo la vista, y miró hacia el cuerpo que yacía frente a ella. El cuerpo del hombre al que había disparado. Súbitamente, arrojó la pistola a un lado, como guiada por una extrema repugnancia. Al instante siguiente cayó de rodillas.

-No... No... -Corrí hacia ella.

Se llevó las manos a los ojos, ocultando sus lágrimas.

-Lily... -Susurré, y extendí la mano hacia ella.

Cuando estuve a unos centimetros de rozar su hombro, escuché el ruido de las sirenas. Entonces fijé mi vista en aquella niña sollozante.

“Es mi culpa... ¿Verdad? ¿He fallado... otra vez?”, pensé.

No. No iba a permitirlo.

Valiendomé de mi abrigo, limpié las huellas de la pistola. Luego la sostuve entre mis manos, asegurandomé de dejar las mías. Me la guardé en el bolsillo, y me senté en el suelo.

La policía llegó unos pocos minutos despues. Apenas ingresaron a la azotea, contemplaron una escena peculiar: Un hombre inerte, en el suelo, con una herida de bala... Una chica sollozante... Y a mí, con el arma del crimen en el bolsillo.

Confesé en el acto. No iba a permitir que... Esa chica... Pasara por otro trauma. No si podía evitarlo.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Vie Oct 10, 2014 11:41 pm

Ya está aquí el Capítulo 3. Están advertidos sobre que puedo haberme pasado con la cursilería en este capítulo (?)

Capítulo 3:

Capítulo 3: Recuerdos

Me recosté en aquella cama, fría y dura, al tiempo que fijaba la vista en el techo de mi celda. Si alguien me hubiera visto desde afuera, podría haber pensado que estaba tranquilo. Como si estuviera allí de paso. Pero, por dentro... Por dentro mis pensamientos se arremolinaban, atropellandosé entre si, mientras intentaba buscarle un sentido a todo esto.

¿Como había terminado así? ¿Como había acabado en una celda? ¿Como había obligado a aquella chica a disparar?

Pero... ¿Por qué? ¿Por qué ESA CHICA estaba ahí? ¿Era una simple coincidencia?



¿Era posible, siquiera, que fuera una coincidencia? Mi cabeza daba vueltas. No tenía nada claro, pero un presentimiento cada vez mas oscuro se alzaba sobre mí.

Esa oscuridad... Tomó forma de duda.

-¿Por qué? ¿Por qué no me recuerda? -Susurré.

“...tal vez... ...tal vez sea un perdón divino. Tal vez sea por eso que ella no puede recordarme.”

...sin embargo, para mí no era tal. Su mera visión había reactivado mi memoria. Ahora podía revivir en mi mente cada segundo, cada detalle, de aquel fatidico día.

El día...

De la muerte de su padre.

Ese era un día muy importante para mí. Recuerdo que, al levantarme por la mañana, me creía el rey del mundo. Y es que, desde el comienzo de mi carrera, había demostrado ser un investigador sobresaliente. Un Inspector ejemplar. Y es por eso que un día me llamaron para darme la noticia. Iba a ser asignado a Operaciones Especiales.

No más escenas del crimen.

No mas tomar declaraciones.

Iban a darme misiones de verdad. Misiones importantes. Y... Proteger al fiscal Baldwin... Fue mi primera misión.

El fiscal Jack Baldwin era un hombre tranquilo, siempre sonriente. Por su apariencia, nadie hubiera imaginado jamás que era uno de los fiscales mas astutos e importantes del distrito. Se decía que había dedico los últimos años a perseguir a los principales líderes criminales de Bumania. Apuestas ilegales, drogas, robos, asesinatos... Aquel hombre había enfrentado todos estos males, e incluso otros que no soy capaz de nombrar. Se dice que conocía hasta el mas pequeño callejón de la Ciudad, cada derrotero, y cada antro de mala muerte.

Por esos días, se rumoreaba que el fiscal andaba tras uno de los líderes mas importantes de la ciudad. Tras investigaciones exhaustivas, el fiscal Baldwin había conseguido las pruebas necesarias para arrinconarlo. Sin embargo... Recibió una amenaza.

Una amenaza de muerte.

Esa es mi entrada en esta historia. El fiscal Baldwin decidió que lo mejor era trasladarse desde la ciudad hasta un lugar seguro en las afueras, donde podría esperar a que el juicio comenzara. El fiscal, a pesar de su astucia, era un hombre algo terco. Y decidió hacer ese viaje... ...en tren.

A pesar de las ofertas de la Policía de brindarle transporte, a pesar incluso de los ruegos por parte del Fiscal General... Nada consiguió persuadir a Baldwin.

Me asignaron, entonces, un trabajo muy simple. Debía escoltar al fiscal desde la Ciudad hasta el lugar seguro. A pesar de terco, el fiscal no era idiota. Él mismo pidió ser escoltado por una única persona, en pos de no llamar la atención.

Ese día, mientras subíamos al tren, estaba nervioso. Muy nervioso.

-¿Qué pasa, inspector? -Me había dicho él, cuando nos sentamos en nuestro compartimiento.- Es mi vida la que está en peligro, ¿Sabe?

Su actitud era sorprendente. Aquel hombre no tenía miedo en absoluto. Aunque... Podía decirse que emanaba cierta aura de tristeza. Era, sin duda, un hombre extraño. Tras unos minutos, el tren se puso en marcha.

-¡Vamos, muestre algo de profesionalismo! -Me sonrió, divertido.- No tiene porque estar nevioso. ¿Cuál es su nombre?

“¿...mi nombre? Robert. Robert Lewis. Inspector. ¿Acaso ni siquiera se dignó a revisar cuál es mi nombre”, pensé.

-¡No me malinterprete! Sé cuál es su nombre. -Dijo, entre risas. Al parecer, era un libro abierto para el fiscal. ¿Era porque estaba muy nervioso, o era simplemente la habilidad de aquel hombre?- Solo quiero asegurarme de que no haya perdido el habla. ¡Es usted Robert Lewis! Un inspector sobre saliente, recientemente asignado a Operaciones Especiales. Un ascenso bien merecido, si me lo permite. Sus capacidades de memorización y análisis son prodigiosas. Examiné su informe personalmente. ¿No sabe, acaso, que yo fuí quién pidió que lo asignaran a esta misión?

“...pues... ...me conoce, y bastante.”

De repente, noté lo tonto que estaba quedando al no decir nada.

-Lo siento, señor. Pero... ¿Podría decirme por qué me solicitó a mí en primer lugar?

Baldwin me miró fijamente unos segundos, y luego miró hacia la niña sentada a su lado. A los pocos minutos de subir, se había quedado dormida en su asiento. No debía tener mas de 10 años. El fiscal comenzó a acariciarle lentamente la melena castaña.

-Ella es mi hija. Lily. -Dijo, respondiendo a mi mirada inquisitiva.- Y, en cuanto a porque está aquí, Inspector... Bueno, mi mujer me abandonó hace unos meses, ¿Sabe? Y no puedo dejarla sola... -Me dijo, con una sonrisa. ¿Acaso aquel hombre leía mi mente?

Fue encontes cuando reparé en la sonrisa. Era casi eterna, como si nada pudiera apagarla. El hombre me sostuvo la mirada durante algunos segundos, casi como invitandomé a preguntar. Al final, lo hice.

-¿Como... puede sonreír en un momento como este? -Pregunté.

-...solo lo hago. -Me dijo.

Mi mirada bastó para hacerle saber que no me había satisfecho la respuesta. Al cabo de unos momentos... Continuó.

-Te diré algo, Lewis. Lily... Es mi vida. Todos los días pongo en riesgo mi vida... Me interno en los mas oscuros y abominables antros. He visto cosas que tú no te podrías llegar a imaginar. Y todo para capturar un par de malhechores del montón. Gotas de un océano. -Por un segundo, su sonrisa pareció atenuarse.- Gotas en un océano... Pero... Al llegar a casa... Ella está esperandomé, sonriente. Casi como resguardandomé con su inocencia.

Mientras decía todo esto tenía la mirada perdida, como si estuvera hablando desde su inconsciente.

-Ella... Ella me hace sonreír, Lewis. Si ella me vé sonreír... A pesar de todo lo malo del mundo... Sabrá que puede ser feliz. No será una niña inocente toda su vida... Un día descubrirá la dura realidad de este crúel mundo... -Hacía unos segundos, su sonrisa se había atenuado. Ahora había llegado incluso a desaparecer.- Pero confío en ella... Sé que pdrá superarlo. Y yo... Yo estoy por cambiar las cosas. Todo está en marcha... Y, gracias a mí... Uno de los hombres mas poderosos del país caerá. Por fin... Podré hacer de este un lugar mejor.

-... -El discurso me había dejado sin palabras. ¿Qué podía decir ante algo semejante? Yo vivía solo... No tenía familia... Mis padres habían fallecido hacía ya algunos años. Todo lo que tenía era mi trabajo.- Pero... Si usted muere... Toda su investigación... ¡Se irá a la basura! -A pesar de todo, el hecho de que no mostrara ni un atisbo de nerviosismo era sorprendente. Me costaba creer que fuera solo por su hija.

-¿Crees que no lo sé? -Me contestó, y volvió a sonreír.- Es que... No tengo miedo. Sé que si algo llegara a pasarme... Alguien terminará esto por mí, aunque tome mil años más. La veo a ella, Lewis... Veo un alma inocente en el mundo, con su fé en la Justicia... Y sé que mi trabajo, tarde o temprano, será terminado. Se podría decir que los sueños de los padres descansan sobre sus hijos. -Me sonrió.- Aunque claro... A veces puede ser al revés.

Tras ese discurso, echó mano a su reloj de bolsillo y miró la hora.

-Deberías hacer guardia o algo, ¿No? Despues de todo eres mi escolta.

Me sentí inundado por la vergüenza. ¿Qué hacía allí, conversando trivialmente? Mi labor era proteger a Baldwin, no ser consolado por él. Me incorporé, dispuesto a situarme junto a la puerta y cumplir con mi labor. Pero, justo en ese momento...

El chirrido de la puerta interrumpió mis pensamientos. Rápidamente, me incorporé. No era cortés estar acostado frente a un visitante. En el umbral de la celda había un hombre. El pelo, color negro azabache, estaba algo desordenado. Sobre el saco verde relucía un distintivo de fiscal.

-¿Es usted el señor Robert Lewis? -Me preguntó. Asentí.- Buenas tardes. Soy el fiscal Johnatan Mead, y estoy a cargo de su caso. ¿Le importaría si tengo una pequeña conversación con usted?

____
Improvisación FTW (?) No es que me haya sacado el flashback de la galera, sino que simplemente iba a ser unos cuantos capítulos mas adelante. Decidí ponerlo ahora, para que cuando sea el momento no parezca salido de la nada xDDD

Como siempre, ojalá les haya gustado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por anderGL7 el Sáb Oct 11, 2014 12:47 am

Oh shit! He de decir que me olvidé leer el segundo capítulo, pero bueno, he disfrutado de dos capítulos a la vez. El cliffhanger es muy grande XDD
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Oct 18, 2014 1:59 am

Spoiler:

Capítulo 4: Detrás de escenas

Frente a mí había un hombre. Decía llamarse Johnatan Mead, y ser el fiscal a cargo de mi caso. Acababa de pedirme unos minutos para conversar, pero mi interrogatorio había acabado hace rato. ¿Qué querría de de mí?

-De acuerdo -Acepté, cortante.

Ante una señal del fiscal, uno de los guardias me escoltó hasta la sala de interrogatorios. Al entrar en la habitación, me senté en la única silla del lugar. Al otro lado del cristal, el fiscal hizo lo mismo.

-Le prometo que no será mucho tiempo. -Comenzó Mead.

-Podríamos haber hablado en mi celda, entonces. -Le dije.

-Como fiscal, debo seguir el protocolo al pie de letra, señor Lewis. -El fiscal no apartaba la vista de mí, como si intentara dilucidar lo que se me pasaba por la cabeza.- Es una lástima que un hombre de su trayectoria haya terminado así. -Continuó, súbitamente.

Me quedé callado, incapaz de hablar, y desvié la mirada. Tenía razón. ¿Quién habría dicho... que mi historia iba a acabar así? A pesar de todo, volví a levantar la vista. No importaba cuando me doliera. No pensaba dar el brazo a torcer.

-No tengo explicaciones que dar, señor. -Dije, cortante.

-Una respuesta digna de un agente como usted, Lewis. -A Mead parecía resbalarle mi actitud. Continuó hablando como si nada.- Sin embargo... Me resulta algo... Decepcionante. ¿En serio? Alguien tan cualificado como usted... ¿De un inspector de primera a un detective privado de cuarta?

-...usted no tiene autoridad para juzgar mi vida, señor. -No importaba cuanto me atacara, no pensaba flaquear, ni mostrar la mas minima debilidad.

-Díme algo, Lewis. -El fiscal se incorporó y, apoyandosé en el vidrio, me miró fijamente.- Esa arma que tenías... ¿Era legal, siquiera?



Mi silencio pareció bastarle.

-Como pensaba. -Su voz, hasta entonces tranquila, había cambiado. Ahora podía notar cierta indignación.- No lo entiendo. Por mas que te observo... Por mas que le busque la explicación... No lo entiendo.

-¿Qué es lo que no entiende, señor?

Me miró por un segundo, con unos ojos cargados de desaosiego. Al instante siguiente, apartó la vista.

-Nada, Lewis. Tú tienes otras cosas de las que preocuparte. -Dijo entonces.

Tenía razón. Pronto sería juzgado por el asesinato de aquel hombre. Y había confesado, para colmo.

-¿Cuando será mi juicio, señor?

Mead se inclinó hacia adelante, y me miró fijamente.

-...no puede haber juicio si no hay delito, Lewis. -Dijo, entonces.

[Parar música]

-¿Eh? -Dije yo, confundido.

-El hombre al que... Disparaste... No está muerto.



"¿No está... muerto?"

-Hace unas pocas horas fue estabilizado, y pronto se le realizará una operación para quitarle la bala que tiene alojada en el cuerpo. -Continuó el fiscal, imperturbable.

-...me alegro... -No pude evitar soltar un suspiro de alivio. Si el cargo no era por asesinato, mi vida no corría peligro. Sin embargo, eso no implicaba que me hubiera librado de todos los cargos. Aún pasaría un buen tiempo entre rejas.

-Y usted, Lewis... Será puesto en libertad esta misma tarde.

¿En... libertad? ¿Yo? No podía... No podía ser verdad.

-Su juicio estaba programado para mañana. -¿Estaba?- Pero el juez ha decidido cerrar la causa y, para las 19:00 de hoy, usted será un hombre libre.

¿Yo? ¿Hombre libre? Mi cabeza siquiera alcanzaba a procesar la información, solo podía repetir aquellas palabras en mi mente, como si no entendiera su significado. El fiscal permaneció allí, impávido, esperando que dijera algo.

Pero... Solo hubo una cosa que pude atinar a decir.

-¿Por qué?

-Hace unos minutos... La "victima" del caso me llamó. Confesó haberte amenazado con un arma, por lo que esto se transforma en un caso de legitima defensa.





-Pero... ¡Yo he confesado! A pesar de esto, que un criminal confeso sea liberado el mismo día de su detención es un hecho...

-...sin precedentes. Lo sé. Sin embargo... El juez a cargo de su causa así lo ha decidido. -Continuó Mead.- Una decisión curiosa, si me lo permite. Muy impropia de él.



¿Qué... demonios...?

-Una coincidencia insólita, ¿No cree? -Continuó.- Bueno, lo cierto es que el juez sugirió desestimar los cargos... Y la Fiscalía estuvo de acuerdo.

¿...él... ...también...?

-Aunque, señor Lewis... Le aseguro que el juez y yo pensabamos en cosas muy diferentes al absolverlo. -Habiendo finalizado su enigmático discurso, Mead se levantó, dispuesto a irse.

Se encaminó hacia la salida, mientras yo intentaba procesar aquella conversación.

-¡Un momento! -Grité. El fiscal se detuvo.- Esta madrugada encontraron a un hombre muerto... Iba envuelto en un abrigo violeta. ¿Hay algún dato nuevo con respecto a ese caso?

Mead se dió la vuelta y me miró fijamente.

-Esa información solo puede ser revelada a las personas relacionadas con ese caso. -Dijo entonces.- Aunque... No puedo negar que existe cierta relación...

Por unos segundos, el silencio reinó en la habitación.

-Aquel hombre trabajaba como empleado doméstico en la casa de cierta joven que yo me sé. Tal vez le suene de algo... Fue testigo del crimen que usted confesó, y lo está esperando a la salida.



Ese hombre... ¿Trabajaba en casa de Lily?

-Oh, y Lewis... Mandele saludos de mi parte, ¿Si? -Me dijo, y salió de la habitación.

Mientras me llevaban de vuelta a mi celda, repasé mentalmente la conversación con Mead. Alguien había chantajeado al juez, y posiblemente también al hombre que había intentado asesinar a Lily. ¿Quién era aquella persona? ¿Sería la misma que había asesinado al hombre del abrigo violeta, y me había encomendado la Misión? ¿Por qué yo? ¿Por qué Lily? Ya no podía creer que todo fuera una simple coincidencia.

Las cosas se veían cada vez mas oscuras. Al llegar a la celda, miré el reloj. Eran las 18:00.

"En una hora estaré fuera de aquí. Y, apenas esté libre, echaré algo de luz sobre todo esto."

Como siempre, ojalá lo hayan disfrutado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Oct 25, 2014 6:15 am

Oh, algo que olvidé mencionar la semana anterior. Ese capítulo es, lejos, el mas "flojo" del fic. No flojo argumentalmente -ya me lo dirán ustedes- sino flojo en el sentido de que tuvo bastante improvisación y cambios de último minuto. Sin embargo, confío en que haya quedado bien.


Bueno, con respecto a este capítulo... Lo resumo así: Si lo hice bien, diría que quedó un momento emotivo decente. Si lo hice mal, bueno, supongo que habrá una sobredosis de cursilería. Ya juzgarán ustedes eso xD

Spoiler:
Capítulo 5: El encuentro tan esperado

Salí a las 19:05, tras algún retraso con el papeleo. A la salida, sentada en uno de los bancos de la sala de comisaría... Estaba aquella chica.

“Lily...”

Me acerqué a ella como si estuviera en un sueño. No podía creer que estuviera aquí.

-¿Por qué me esperaste? -Pregunté, intredúlo.

En realidad, el fiscal ya me había avisado de que esta chica estaría esperandome. Pero eso no lo hacía menos sorprendente.

-Necesito... hacerle una pregunta. -Me dijo, con voz firme.

-De acuerdo. -Le respondí.

Tras aquel escueto dialógo, nos dirigimos a mi oficina. Las pocas cuadras que separaban la comisaría de aquel lugar las recorrimos a pie, puesto que mi mísero salario como detective me impedía costearme un transporte.

-El fiscal Mead te manda saludos. -Comenté en algún momento del recorrido. Sin embargo, no obtuve mas respuesta que un mero asentimiento.

Llegamos a un viejo edificio, casi tan destartalado como el de esta mañana. Tras entrar, subimos un par de tramos de escaleras, y salimos a un pequeño pasillo lleno de puertas. La tecera a la derecha rezaba “Robert Lewis. Detective privado.”

-...parece sacado de una película... -Comentó Lily, intentando mejorar el ambiente.

Fue en vano, por supuesto. Los sucesos del día (Y, en mi caso, de mi pasado) se alzaban, como sombras, sobre nuestras mentes. Haciendo que la mas minima risa se sintiera forzada.

Sin embargo... Había otra cosa que me preocupaba...

Ella...



...no recordaba mi nombre.

Tras abrir la puerta, la invité a pasar con un gesto de la mano.

-Ponte comoda.

Entró en la habitación y se sentó en la silla ubicada frente al escritorio. Cerré la puerta y, tras atravezar la habitación, dí la vuelta al escritorio y me senté al otro lado. Quedamos allí, enfrentados. Por unos segundos, hicimos silencio. Como si ambos supieramos que cada uno buscaba respuestas en el otro. Y como si ninguno de los dos supiera como empezar.

-¿...y qué querías preguntarme? -Pregunté, finalmente.

Clavó su mirada en mí. Parecía casi avergonzada. Por unos segundos pareció vacilar, pero finalmente habló.

-¿...quién es usted?

Apenas hubo comenzado a hablar, la chica comenzó a temblar, y parecía aferrarse a mí con sus ojos, como si de las respuestas que le diera fuera a surgir su salvación.

“...y ojalá fuera así... ...pero tal vez sea todo lo contrario...”

-¿...no sabes quién soy? -Lo dije lentamente, como queriendo asimilarlo yo mismo.

-Lo conozco... ¡Sé que lo conozco! -Dijo, al tiempo que hacia una mueca de concentración.- Pero... Pero... No puedo recordar... Y... Hoy... -Bajó la mirada, y su voz se volvió vaga y difusa, como si hablar le fuera dificil.- Hoy usted... Me salvó la vida... Y yo... -Súbitamente, volvió a mirarme a los ojos, y su voz abandonó la vaguedad para volverse firme.- Quiero... No, necesito saber quién es. Sé que le conozco.

“...reprimió sus recuerdos, tal y como suponía. Tampoco es de extrañar...”

Enterré la cabeza entras las manos, y una vez más me ví llevado a ese fatídico día. Pero esta vez nadie me interrumpió. Nadie me impidió ver aquel temible final. Escuchar el atronador sonido del disparo. Volver a perseguir al sicario por todo el tren... Y, al volver al vagón... Toparme con la escena mas desesperante de mi vida.

-...papá... ...papá...

Podía verla, casi en tercera persona, como si aquel hombre en la entrada del compartimiento no fuera yo. Aquel hombre, petrificado ante tan macabro espectaculo. Sin embargo... Eso no me impedía sentir su sufrimiento.

-¡...papi...! ¡...despierta...!

En el suelo del compartimiento, justo frente al hombre... Había un cadaver. El cadaver de Jack Baldwin. Había muerto casi al instante despues del disparo. Y, junto a él...

Estaba aquella niña.

Con la cara llena de lágrimas... Las manos llenas de sangre... Sacudiendo el cuerpo inerte del que había sido su padre.

Rememoré las palabras de aquel hombre.

“...esto es mi culpa... ¿...verdad...?”, había pensado, lleno de desesperación, como si alguien pudiera llegar milagrosamente para decirle que no lo era.

Lo que pasó, sin embargo... Fue todo lo contario.

-¡Tú! -La niña había notado la presencia del hombre. Ahora lloraba a lagrima viva, desconsolada.- Él... ¡Él me dijo que lo protegerías! ¡Me prometió que estaría bien! Y ahora mira... Él... Papá... ¡Está muerto...! ¡Por tú culpa!

El hombre cayó de rodillas.

¿Perdí el sentido en ese momento? ¿O simplemente mi cerebro dejó de procesar la información que entraba? El siguiente recuerdo que tengo es varias horas despues... Cuando me encontraba de nuevo en Operaciones Especiales.

Gracias a mis esfuerzos, el sicario había sido capturado, y habría justicia para Jach Baldwin. Pero para mí no fue así. Nunca sería así.

Ya nada tenía sentido.

Mi vida no tenía sentido.

Había... fallado.

Volví a levantar la vista, y fijé los ojos en Lily. Tantos años despues... Allí estaba. Nos quedamos allí, mirandonos. Pero, esta vez, yo también tenía los ojos bañados en lágrimas.

Hasta ahora... Su falta de memoria había sido casi una bendición, como si Dios mismo me diera una oportunidad de redimirme. Pero... No funcionaba así. No podía huír de mi pasado. No podía negar la verdad.

Por mi culpa, el padre de esta chica había muerto.

Debía enfrentarlo. Debía aceptar la realidad.

-Mírame, Lily. -Dije, simplemente.- ¿No me recuerdas?

Me miró fijamente, escrutando cada centimetro de mi rostro, pero no dió signos de reconocimiento.

-Vamos, Lily... Tú puedes...

“¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Qué pretendo? ¿No debería estar aliviado de no ser reconocido? ¿De que ella no tenga que revivir aquel trauma? ¿De que no tenga que enfrentar mis errores?”

No.

Por supuesto que no.

No estaba aliviado. Había pasado los últimos años de mi vida cumpliendo una penitencia, que yo mismo me impuse. Hoy, todo terminaría. De una manera u otra.

-...Lily... ...soy... ...yo... -La voz se me quebró.- ¿...no me recuerdas? Lily... ¿Lo has olvidado ya...? Tu padre... ¡Tu padre murió por mi culpa!

Abrió los ojos como platos, y se llevó las manos a la cabeza, como si le doliera de tanto recordar.

-...yo... ...yo no recuerdo bien...

-...recuerda, Lily...

Represión de la memoria. Lily había olvidado lo ocurrido, e incluso había olvidado que lo había olvidado. Como cerrar una puerta y perder la llave. ¿Sería capaz de traer esos recuerdos a la luz? ¿O los habría olvidado para siempre?

-Un viaje en tren... Un novato que se quedó hablando en lugar de hacer guardia... Un disparo... Y un hombre parado en el marco de la puerta... Contemplando a una niña junto al cadaver de su padre...

No. No lo había olvidado. Uno no podía olvidar algo así. Lo noté en la crudeza de mis palabras. NI siquiera el paso de los años había borrado el dolor de aquellos hechos. Se quedan en la mente de uno... Y echan raíces. Poco a poco... Se cuelan een cada aspecto de tu vida... Infestando lo que alguna vez fuiste... Para dejarte sumido en la mas honda desesperación.

De repente, soltó una exclamación.

-Usted...

Y me miró, como quién vé la luz al final del túnel.

Volví a bajar la vista, incapaz de soportar la situación.

-Lo siento, Lily... Fue... Mi culpa... Yo era su escolta... ¡Yo debería haberlo protegido! Pero no... Él terminó calmandó mis nervios... Y murió por mi falta de experiencia... Ese día... Lily... Ese día me dejó marcado... Nunca volví a tenerme confianza. Nunca volví a ser yo mismo. Siquiera podía considerar seguir siendo policía, así que dejé mi puesto. Pasé años convertido en un borracho... Tal vez a modo de castigo... Tal vez intentando olvidarlo... Hace algunos años... Abandoné la bebida, y decidí convertirme en detective privado... Pero nunca he olvidado, Lily... Nunca he podido olvidar... Mi error... El error que se llevó la vida de tu padre. -Solté aquel discurso lentamente, deteniendomé en cada sílaba, como extendiendolo lo mas posible. Finalmente, terminé. Y todo lo que pude hacer fue quedarme allí, esperando una respuesta, con la vista fija en el escritorio.

-...inspector... ...Lewis... -Dijo Lily.

Me había reconocido. Ya no había vuelta atrás. ¿La había habido, acaso? No. Desde el preciso momento en que me la crucé en ese parque, hacía ya varias horas, ya no había vuelta atrás.

El chirrido de la silla al ser arrastrada me indicó que Lily se había puesto de pie. A pesar de todo, no levanté la vista. Simplemente no me atrevía a hacerlo. No quería verla a los ojos.

La chica rodeó lentamente el escritorio, al tiempo que cada uno de sus pasos resonaba en la habitación, hasta que llegó a mi lado. Me quedé allí, quieto, esperando. Seguro de que recibiría un insulto, o incluso un golpe. Pero entonces...

Ella me abrazó.

-¿Ha... sufrido tanto? -Dijo, consternada.

Yo solo pude quedarme ahí, entre sus brazos, con la mente en blanco.

-...ha sufrido tanto... ...y todo... ...por mi culpa... -Hizo un segundo de silencio, y luego continuó.- ¡Por favor, perdoneme, señor Lewis! Yo no quise... Decir eso... Eran... ¡Eran los desahogos de una niña...! -No había dejado de llorar. De hecho, seguía sollozando mientras hablaba.- Y... Yyo que creí que todo este tiempo.... Usted simplemente había seguido con su vida... Asi sin más... ¡Y resulta que usted sufrió incluso mas que yo! Usted no tenía a nadie... Estaba solo... Hundiendosé en su propia desgracia... Lo siento... ¡Lo siento tanto!

Le devolví el abrazo, casi automaticamente. Mi mente estaba en otro sitio, intentando asimilar lo sucedido. Era lo último que esperaba que pudiera pasar.

Los dos nos quedamos allí, abrazados, sollozando.

Una parte de mí sabía que, pronto... Aquella ilusión se rompería, y deberíamos volver a internarnos en la oscuridad que nos rodeaba. Pero... La otra parte de mí deseaba que aquel momento no terminara nunca.

Sentía algo que no había sentido hacía mucho tiempo.

Me sentía en paz.

Como siempre, ojalá les haya gustado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Nov 08, 2014 1:49 am

Bueno, para compensar por que el Viernes pasado no hubo capítulo, este es algo mas largo de lo usual. Y pasan muchas cosas xD

Como sea, difruten del capítulo. Mandamos al carajo la cursilería y volvemos a lo de siempre (?)

Spoiler:

Capítulo 6: El Regreso menos deseado

¿Cuanto tiempo habremos pasado allí, abrazados? ¿Serían minutos? ¿Serían horas? Lo cierto es que no me importaba. Solo quería que aquel momento se extendiera eternamente.

Sin embargo, la realidad se opuso. Y es que, en ese momento, la puerta de la oficina se abrió de golpe.

Y allí, en el umbral, había un hombre.

-... -Nos miró fijamente un momento.- ...tsk... ...pervertido... -Murmuró.


“¿...pervertido...? ¡¿Otra vez...?!”

-¡Oiga, no es lo que...! -Dije, al tiempo que soltaba a Lily. Iba a levantarme, pero me detuve.

El hombre había alzado su mano, y tenía un arma.


-...disculpen la interrupción... -Dijo, con voz algo perturbada. Tras dedicarme una mirada despectiva, dió unos pasos dentro de la habitación y cerró la puerta detrás suyo.- La información, Lewis. ¡Dame la información! ¡Ahora!

Nos apuntó con el arma.

-¡Vamos! ¡Dámela!

Me incorporé lentamente y alcé las manos, al tiempo que asimilaba la situación y buscaba una forma de salir de esta.

-¿De qué está hablando? -Pregunté.

-¡No te hagas el tonto conmigo! ¡Sé que las tienes! ¡Las pruebas del caso de Baldwin! ¡Entreguelas!

¿...las pruebas... del caso de Baldwin? ¿Se refiriría a...? ¡Pero yo no tenía ninguna prueba! Por unos segundos pensé en decirle que estaba equivocado, pero seguramente acabaríamos muertos.

-...las pruebas... -Dije, tras vacilar un segundo.- Están allí. -Dije, al tiempo que señalaba hacia a un viejo armario junto a la entrada.

El hombre volteó la cabeza unos segundos para mirar el mueble. Luego, volvió a fijar la vista en nosotros.

Claramente, no podía buscar ahí dentro sin quedar expuesto, así que...

-Buscalas por mí. -Dijo, al tiempo que me apuntaba con la pistola.

Al tiempo que rodeaba el escritorio lo mas lento que podía, comencé a buscar un medio para salir vivos de esta. El armario estaba vacío, por supuesto. Y pronto el hombre se daría cuenta. No podía permitir que eso pasase. Solo me quedaba una opción.

Atravesé el cuarto lentamente, mientras cada unno de mis pasos resonaban en la habitación. Mientras avanzaba, fijé mi vista en aquel hombre, al tiempo que intentaba encontrar el momento preciso para actuar. Un segundo demasiado temprano, o demasiado tarde, y podía ir despidiendomé de mi vida.

El hombre, pese a todo, no era ningún idiota. Iba retrocediendo, para que siempre hubiera cierta distancia entre ambos. El arma, sin embargo, le daba confianza, y cada vez retrocedía menos. Un gran error por su parte, y una gran oportunidad para mí. Cuando me pareció que no podía estar mas cerca, me lancé sobre él.


Prevenido, el hombre dió un salto atrás, esquivandome, e intentó apuntarme con el arma. Pero no iba a permitirlo. Apenas hube tocado el suelo, comencé a correr. Nos separaban poco más de dos metros. Y, sin embargo, el tiempo se me hizo eterno.

“...vamos... ...vamos...”

Mi adversario consiguió apuntarme, y disparó. Salté hacia la derecha, como por reflejo. Sin embargo, no salí indenme.

-¡...agh....! -Solté.

La bala me había rozado el hombro. Pese al dolor, no me detuve. Antes de consiguiera disparar por segunda vez, llegué frente a él y le agarré el brazo, desviandolo hacia arriba. El otro hombre, sin embargo, aprovechó la oportunidad para asestarme un golpe en el rostro.

-¡Señor Lewis! -Gritó entonces Lily.

-¡QUEDATE AHÍ! -Le grité yo. No podía permitir que nada le pasase.

El golpe me había hecho aflojar la mano, y el hombre se había liberado. Intentó retroceder y apuntar de nuevo, pero un manotazo lo hizo soltar el arma.

Mi adversario siguió el recorrido de su arma con la vista. Aproveché el momento para empujarlo y, al instante siguiente, correr hacia ella.

Un segundo despues, escuché como aquel hombre me seguía.

“¡Corre, maldita sea!”

Mi oficina nunca me había parecido tan grande. Mientras corría, el tiempo se me hizo eterno.

Pero, finalmente...

-¡Ajá!


Me dí la vuelta, pistola en mano, y apunté hacia el hombre. Este quedó congelado, a unos pocos metros de mí.

-Ahora díme... ¿Quién te envió? -Dije.

-¡No pienso decirte! -Me dijo, de forma atropellada.- Si lo hiciera... ¡Me matará...!

Sin dejar de apuntarle, rodeé a hombre, y le puse el arma en la nuca.

-Lo diré una vez más. ¿Quién te envió?

“Tsk... Que dramático que soy a veces...”

-...no me dijo su nombre...

-Pues de alguna manera lo conociste, ¿No?

-Me dijo... Me dijo que era su apodo...

-Pues díme su apodo.

-Me dijo que lo llamara... El “juez”...






No.

No podía ser.

No podía ser.

No podía ser. No podía ser. No podía ser.

Permanecí en silencio durante varios segundos, al tiempo que asimilaba la nueva revelación. Algo que, a decir verdad, me pasaba bastante seguido últimamente.

-¿Vas... a matarme? -Dijo el hombre, al notar que no retiraba la pistola de su cabeza.

-...para tu fortuna, soy bastante mejor persona que tú. -Le respondí. En un instante, levanté el brazo, y lo golpeé en la sien con la culata, dejandolo inconsciente.

Me giré hacia el escritorio. Desde allí, Lily me observaba, temblorosa. No era extraño, dada la situación. Yo, en cambio, conseguí tranquilizarme despues de respirar un par de veces. Es increíble a lo que puede acostumbrarse uno.

Me volvía  sentar en el escritorio, pensativo.

-...

-Señor Lewis... -Dijo Lily, al cabo de un rato.- ¿Qué fue eso del juez?

La miré por unos segundos. ¿Debía contarle?





Bueno, ya no valía la pena huír del pasado. En especial si él había vuelto.

-¿Qué sabes de la muerte de tu padre? -Pregunté entonces.


Me lanzó una mirada perpleja y se llevó las manos al pecho. Evidentemente, la pregunta la había sorprendido.

-...sé... ...que tenía algo que ver con un caso que llevaba... -Respondió.

Respiré hondo, y comencé a hablar.

-Se trataba de un caso de corrupción. El objetivo era un hombre muy esquivo, que controlaba buena parte de los negocios ilegales de la ciudad. El nombre clave de este objetivo fue “el Juez”, ya que las investigaciones revelaron que este hombre ejercía esa profesión. Tras años de investigación... Tu padre consiguió las pruebas necesarias para demostrar su identidad. Pero... Antes de iniciar el juicio... Recibió una amenaza. Una amenaza de muerte. Mi misión era escoltarlo a las afueras de la ciudad. Hacia... Hacia un lugar seguro. Hasta que el juicio comenzara. Y bueno, el resto ya lo sabes... El Juez... Fue quién encargó el asesinato de tu padre.

Hice unos segundos de silencio.

-Acorralado, aquel hombre se había descuidado. Es por esto que, cuando interrogamos al sicario... Conseguimos arrancarle la identidad de su cliente.

-¿Lo condenaron? -Pregunto Lily.

-No... -Dije, al tiempo que sacudía la cabeza. Aquel juicio era uno de los recuerdos mas amargos de mi vida.- La causa no avanzó... Las pruebas “se perdieron”... Y el Juez... Quedó libre. Era un hombre muy poderoso. Su influencia se extendía por todos lados. La policía y el juzgado incluídos. Sin embargo... Su reputación se vió arruinada. Llegó un momento en que no podía salir a la calle sin que le llovieran piedras. Je... Acabó por huir del país. -Sonreí vagamente.- Creí... Creí que ya había acabado... Pero me equivoqué.

Nos quedamos allí, en silencio. Rumiando aquella oscuridad del pasado que, al parecer, nos acechaba en el presente. Me reprendí el no haberle contado todo a Lily. Pero ya había pasado suficiente. No soportaría la pura verdad.

Buscando con que distraerme, pasé la vista por el escritorio. Noté, entonces, algo que no había visto antes. ¿Era eso... un naipe? Extendí la mano, y lo agarré. Era un As de corazones. ¿Qué hacía esa carta allí? Mía no era... Tal vez... ¿Era del hombre del abrigo violeta?

[Parar música]

De repente, un sonido nos arracó del ensimismamiento. Nos miramos unos segundos, al tiempo que fijabamos la vista en la fuente de aquel ruido. El telefono. Finalmente, me guardé el naipe en el bolsillo, y atendí.

-¿...diga?





Por unos momentos, no se escuchó nada, hasta que de repente...

-Buenas noches, señor Lewis. -Dijo una voz al otro lado.- ¿...sabe quién soy?

-... -Las palabras no me salían de la boca. ¿Era posible que...?

-Bueno, antes de que díga algo, quiero felicitarlo. Ha derrotado a aquel hombre de manera sublime. Debería buscar matones mas inteligentes... Pero bueno, al menos sé que la dichosa información no está en su oficina.






-¡TÚ! -Grité. De repente, mi mente quedó en blanco. Todo lo que quería era alcanzar a aquel hombre al otro lado. Al hombre que había arruinado mi vida y la de Lily hacía cinco años.

-¡Ah! Al fin me reconoce, Lewis. Si, soy yo. ¿Puede poner el altavoz, por favor? Tengo algo que decir, y le interesa tanto a usted como a la encantadora jovencita a su lado. -¿...cómo sabía...?- Si, Lewis. Sé que la chica está ahí contigo. Creo que lo menos que puedo hacer despues de tanto tiempo es saludarla, ¿No?

Apreté el botón del altavoz. De alguna manera, sabía que se enteraría si no lo hacía.

-De acuerdo. Ahora que ambos pueden oírme... ¡Buenas noches, Lily! Soy... Bueno, no te diré quién soy. Pero me conocen como el Juez, aunque eso ya lo sabes. En todo caso... Seguro están preguntandosé a que se debe el honor de mi llamada. Bueno... Quiero la información.

-No sabemos de que está hablando. -Le respondí.

-Lewis, Lewis, Lewis... Sé de buena fuente que ustedes SÍ que tienen esa información. No puedo permitir que vuelva a ensuciar mi nombre. Así que le recomiendo que me la entregue. De inmediato.

-¡QUE NO LA TENEMOS! -Grité. Sin embargo, había un presentimiento fúnebre adueñandosé de mí. Casi como... Si supiera lo que vendría a continuación.

-...lástima. Entonces supongo que la rehén que tomé no me sirve de nada. Tendré que deshacerme de ella.

En ese momento, se escucharon unos gritos al otro lado del telefono. Parecían ser de mujer. A mí no me sonaban de nada, pero entonces...

-¡M... M... M... MAMÁ! -Gritó Lily.


La vista comenzó a nublarseme. Los miembros no me respondían.

¿Cómo?

¿Cómo habíamos llegado a esto?

-¿Me desago de ella? -Preguntó entonces el Juez, al otro lado.

-¡Pero nosotros... no tenemos... esa información...! -Dijo Lily, sollozando.

-Les propondré algo. Son las 21:00. Tienen dos horas para encontrar esa información. -Aquel hombre continuaba, imperturbable. Ignorando las súplicas y sollozos de Lily.- Si la encuentran... Liberaré a mi rehén... Si no... Je... Bueno, supongo que ya se lo imaginan.

Guardamos silencio, sin saber que decir.




-Tienen hasta las 23:00. Esperen mi llamada.

Y cortó.

Lily quedó allí, sollozando. Yo me incorporé, y comencé a dar vueltas por la habitación.

“¿Y ahora... qué?”

-Tal vez tu padre haya escondido alguna prueba... -Dije yo.- ¿Tienes alguna idea de donde pudo haberlo hecho?

Al cabo de unos segundos, respondió.

-Solo... Solo en mi antigua casa... -Dijo ella, al tiempo que se secaba las lágrimas.

¿Era posible? ¿Estaría allí el milagro que necesitabamos para rescatar a la madre de Lily? Me guardé el arma del intruso en el bolsillo.

De repente, escuchamos el ruido de unas sirenas a lo lejos. Tal vez alguien había escuchado el disparo. ¿Vendrían hacia aquí?

No lo averiguamos. Para cuando llegaron a su destino, nosotros estabamos ya muy lejos de mi oficina. Corríamos, rumbo a la antigua casa de Lily. ¿Encontraríamos allí las respuestas que buscabamos?

Y eso es todo. Como siempre, ojalá les haya gustado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Vie Nov 21, 2014 9:57 pm

De nuevo, perdón por la demora. Examenes xD La semana que viene es la última del año para mí, así que ya retomaré el ritmo habitual.

Bueno, capítulo de hoy. Por cierto, me abstendré de poner nombres a los capítulos de ahora en más. No quedan muy bien que dígamos xD

Spoiler:

Capítulo 7


Vista desde fuera, la casa solo dejaba clara una cosa. Hacía años que nadie vivía en ella. Las ventanas rotas, la pintura caída... Nada quedaba en esta casa que denotara su antiguo esplendor, si es que alguna vez lo tuvo.

Pero yo apenas me fijaba en estos detalles. Porque mientras avanzabamos hacia la puerta... Solo había una cosa en la que podía pensar. La Oscuridad que nos rodeaba.

Y pensar que todo había empezado hacía menos de un día, con la llegada del hombre del abrigo violeta. Luego... Ese encuentro, el encuentro menos deseado... La chica cuyas palabras habían causado mi desgracia. Luego aquel fiscal... Y sus insinuaciones... Y ahora...

Su regreso.

El Juez. Aquel hombre terrible que, hacía ya cinco años, había regido un temible imperio de corrupción. En su momento, nada podía escapar a sus ojos. Pero... Parecía que ahora tampoco.

Y allí estabamos, frente a la antigua casa de Baldwin. La madre de Lily había sido secuestrada. Y, si no conseguíamos la dichosa información, ella...



“No, mejor ni siquiera lo pienso. No voy a dejar que pase.”

Llegamos a la puerta, y nos detuvimos. Frente a nosotros, estaba el acceso a aquella casa. La única pista que teníamos. ¿Estaría allí dentro la clave? ¿Podríamos... alcanzar la verdad?

-...esto... -Dije, dudoso.- ¿No estamos irrumpiendo en propiedad privada?

-No, señor Lewis. Esta casa es... Mía, podría decirse. -Bajó la cabeza.- Ahora que mamá no está...

-Despues de todo este tiempo... ¿Tu madre conservo la casa? ¿Y ni siquiera vivíó en ella?

-Luego de... Todo eso... Mi madre quería deshacerse de la casa. Le traía malos recuerdos. Pero... Al parecer... No podía hacerlo. No estoy de segura de por qué. Creo que una vez mencionó algo del testamento de mi padre...



¿El testamento de su padre? ¿Acaso el fiscal Baldwin había impedido que su mujer vendiera la casa?

Hicimos silencio, cada vez mas seguro de que estabamos cerca de las ansiadas respuestas. Sin que mediara palabra, me acerqué a la puerta. La madera estaba podrida, y los goznes eran viejos. No me costó nada forzarla. Luego de esto, ambos ingresamos al interior, y fuimos recibidos por una impenetrable oscuridad.

Escuché los pasos de Lily. Se alejó unos pasos de la puerta y encendió la luz. Al parecer, el lugar aún estaba conectado a la red eléctrica.

-¿Has estado aquí antes? -Pregunté, sorprendido ante su seguridad.

-...a veces... -Respondió, tristona.- ...cuando necesito pensar...

Pero, de repente... Su expresión cambió. Hasta entonces, había estado algo encorvada, como si le costara mantenerse erguida. Al instante, sin embargo, se enderezó. Me miró fijamente, con una expresión seria.

-No tenemos tiempo para esto, señor Lewis. ¡Tenemos que salvar a mamá...! -Dijo entonces.

Asentí con la cabeza, y comenzamos a buscar.


Se dió la vuelta, y subió al segundo piso. Según dijo mientras subía, allí estaban las habitaciones. Yo, por mi parte, comencé a andar por el pasillo. No podíamos permitirnos fallar.

Entré en una habitación. Parecía ser el comedor. La mesa, estaba en el suelo, las patas rotas. ¿Tal vez había insectos en la casa? Examiné cada estantería y mueble de la habitación, pero no encontré nada.

Me dirigi, pues, a la cocina. Cualquier cosa comestible que hubieran olvidado en la mudanza era ahora una pila de polvo y gusanos. En el lugar reinaba un hedor impresionante. Hice de tripas corazón y, cubriendome la cara con la manga para amortiguar el olor, examiné las alacenas, e incluso me atreví a abrir la cocina. El repugnante aroma que salió al hacerlo me acompañó por horas. Pese a todos mis esfuerzos, tampoco encontré nada allí.

-...demonios...

Rápidamente, salí al pasillo, y seguí buscando en otra habitación. La casa de Baldwin era grande, y la tarea de examinarlo todo podía llevarnos un buen rato. Sin embargo, no debíamos perder la esperanza. Seguro que, tarde o temprano, encontraríamos la dichosa información.






Al cabo de un rato, nos reunimos en el comedor. Eran ya las 22:00. Nos quedaba solo una hora y, sin embargo, no habíamos encontrado nada.

-...no está aquí... -Dijo Lily, cabizbaja.

-¡Tiene que estar aquí! -Grité, entonces.- Debe haber algún lugar en el que no hallamos buscado todavía.

Lo sabía. Sabía que la información estaba allí. Era una especie de corazonada. Casi como si mi intuición me gritara en el oído. Y es que... El misterioso acuerdo de la casa... Era... Demasiada coincidencia. Era como... Si todo estuviera preparado para este momento.





[Parar música]

Me quedé quieto, con la mirada perdida. Lily dijo algo, pero yo la ignoré. La línea de lógica que, en mi desesperación, estaba siguiendo... Me llamaba mucho más poderosamente la atención...

¿Y si era cierto? ¿Y si todo estaba preparado para este momento?


Si eso era así... En algún lugar de esta casa... Debían de estar las pruebas que buscabamos. Me detuve a pensar mi teoría. Era descabellada, sin duda. Pero era lo mejor que teníamos.

Y, si todo estaba preparado para esto...

-¿No recuerdas nada, Lily? ¿Nada que tu padre te haya dejado que pueda servir como pista?

Cerró los ojos, concentrandose. Al cabo de unos momentos, los abrió de nuevo.

-No... No recuerdo nada. -Respondió.

“...hubiera sido demasiado fácil... ...tal vez al final estoy equivocado...”

Pero no. Sentía algo, una especie de escozor... Que me decía que no era así, que no estaba en lo correcto. Sin embargo, no tenía pruebas. Y si Lily no era la clave...

Me detuve a pensar en el día de hoy, como si una pista fuera a salir de la nada. Pero... ¿Había algo? ¿Había algo que me sirviera para...?

-¡...ah!

Me incorporé, de golpe. Como si la sorpresa hubiera recorrido cada fibra de mi cuerpo.

No lo entiendo. Por mas que te observo... Por mas que le busque la explicación... No lo entiendo.

¿A qué se refería el fiscal con esa frase? Podía tomarse como que, simplemente, le decepcionaba donde había terminado, pero... Había algo... De nuevo, por algún motivo... Estaba seguro de que aquel hombre sabía mucho más de lo que aparentaba.

¿Era posible? ¿Era posible que también mi presencia estuviera anticipada?



“Imaginemonos por un segundo que eso es cierto... Entonces... ¿Es posible que yo tenga las pistas que busco?”

¿Era posible? Había conocido al fiscal por apenas un día, antes de su triste final. ¿Era posible que...?

-¡AH!


¡Es usted Robert Lewis! Un inspector sobresaliente, recientemente asignado a Operaciones Especiales. Un ascenso bien merecido, si me lo permite. Sus capacidades de memorización y análisis son prodigiosas. Examiné su informe personalmente. ¿No sabe, acaso, que yo fuí quién pidió que lo asignaran a esta misión?

...de repente... ...aquella locura no sonaba tan loca...

¿Era así? ¿El fiscal me había dejado...?



-¡Lily! ¿Cuál era tu habitación?

Me guió escaleras arriba, hasta un cuerto al fondo del pasillo. En algún momento debía de haber sido un lugar acogedor, pero ahora era un vestigio viejo y polvoso.

-¿Buscaste aquí, Lily? -Pregunté.

-...ajá...

...guíado por un presentimiento bizarro, me apresté a correr la cama. Bueno, “la cama”... En realidad, apenas quedaba un pesado armazón de hierro.. El polvo del suelo y el peso de este me indicaron que Lily no había podido moverlo.

Lo aparté, con una sensación eufórica.

Se podría decir que los sueños de los padres descansan sobre sus hijos. Aunque claro... A veces puede ser al revés.

Comencé a tantear el suelo, buscando las lozas. Por un momento, creí que no encontraría nada. Pero, entonces... Encontré una que me pareció floja. Eran unas losas grandes, así que... Si tenía razón... Hundí mis dedos en la fina hendidura que había entre la loza en cuestión y la de al lado, y tiré con todas mis fuerzas.

Casi sin esfuerzo, la loza se desprendió. Parecía que, a diferencia del resto, esta nunca había sido pegada al suelo.

Debajo había un hueco, pero la polvareda que había levantado al mover la loza me impedía mirar el interior. Introduje mis manos, y saqué de allí una caja. Lily y yo la contemplamos, absortos, durante un momento. ¿Era ese el fin de nuestra busqueda?

Como siempre, ojalá lo hayan disfrutado.
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Re: [Fic] La Misión

Mensaje por llavebulacio el Sáb Nov 29, 2014 12:38 am

Bueno, aquí otro episodio. Drama, descubrimientos... Lo de siempre (?)

Spoiler:
Capítulo 8



Presto, alcé la caja, y guiado por Lily, la llevé hacia la única habitación de la casa que aún tenía una superficie donde apoyarla. Una vez hube depósitado la caja en un polvoso escritorio, miré a mi alrededor. Era, sin duda, el estudio de Baldwin. Las paredes estaban llenas de bibliotecas y estanterías... Sin embargo...

Todo se hallaba esparcido por el suelo. Los expedientes, las carpetas... Cualquier cosa que pudiera haber contenido información valiosa había sido examinado y lanzado a un lado. Suspiré. Seguramente el Juez había intentado encontrar las pruebas por sí mismo antes de recurrir a nosotros. Tal vez si las hubiera encontrado, no hubieramos llegado a esto... Pero no podía culparlo. ¿Quién buscaría valiosas pruebas bajo la cama abandonada de una niña?

Sacudí la cabeza, y me recriminé aquel pensamiento. Si hubiera encontrado la caja, habría asesinado a la madre de Lily. El Juez nunca dejaba cabos sueltos.



Volví a sacudir la cabeza. Tampoco quería pensar en eso. Mientras pudiera, quería conservar esperanza.

-¡Señor Lewis...! -Dijo Lily. Estaba intentando abrir la caja, pero era mas resistente de lo que parecía a primera vista.- No se abre... -Dijo, algo enojada.

Soltó la caja y se apartó, al tiempo que soltaba un bufido de resignación.

Me acerqué a la caja. Era un pequeño cofre, cerrado con llave.

-...demonios... -Dije, enojado. ¿Por qué a cada paso que dabamos nos encontrabamos con un nuevo obstáculo? Me giré hacia Lily.- No tendrás la llave, ¿Verdad?

-... -Me miró fijamente, entre enojada y divertida.- ¿...como voy a tener la llave?

-¿No te dejo tu padre un colgante o algo así?

-... -Por unos segundos, no dijo nada. Luego, soltó una estridente carcajada.- ¡¿Qué clase de historia de cuarta se piensa que es esta...?! Ha leído demasiadas historias de detectives, señor Lewis...

Hice silencio, herido por su comentario. Era cierto que en mi “retiro” me había hecho aficionado a esas cosas pero, ¿No era una exageración decir que...?

-¡¿...pero a qué espera?! ¡Abralo! -Me gritó entonces.

“Que crueles pueden ser los jovenes.”, pensé.

Acto seguido, intenté forzar el cofre. Al igual que con la puerta, ni la madera ni las bisagras estaban en buen estado. A los pocos segundos, la tapa cedió.

La abrimos rápidamente y vaciamos su contenido sobre la mesa. Dentro había papeles, expedientes, testimonios transcriptos, declaraciones, informes... Todo estaba allí. La información que buscabamos.

Una vez lo hube comprobado, volví a meter los papeles en la caja. Sin embargo, mientras lo hacía, algo me llamó la atención. Era un sobre. Sobresalía por ser un color amarillo fuerte, que contrastaba con la blanca monotonía del resto de los documentos. Separé el sobre del resto y, una vez hube terminado de devolver los papeles al cofre, lo examiné cuidadosamente.

No tenía remitente ni destinatario. Levanté la mirada, y me encontré con la de Lily. Nos miramos durante un segundo. Finalmente, bajé la vista y abrí la carta.

-¡Pero...! ¡¿Qué...?!


No podía creerlo. Simplemente... No podía.

Para el señor Robert Lewis y la señorita Lily Baldwin.

El destino ha querido que, para cumplir esta apoteósica tarea, me convierta en un mártir. Aceptaré gustoso su decisión. Mi muerte servirá para cerrar la trampa en torno a aquel despiadado hombre, que tanta desgracia a causado a este país... El precio es alto, y estoy dispuesto a pagarlo. Mi último mensaje a mis dos cómplices queda escrito en esta carta.

Querida Lily... La parte mas dolorosa y crúel de mi plan... Es el hecho de tener que hacerte cargar con semejante trauma. Lamentablemente, para el correcto desarrollo de mi plan, no podría ser de otra manera. Quiero que sepas que, si llego a este extremo... Es porque confío en tí. En tí y en nuestro amigo, el señor Lewis, recae terminar mi trabajo.

Y a usted, inspector... Quiero decirle dos cosas. La primera... Es que yo sabía que iba a morir en ese tren, desde el mismo momento en el que me subí a él. La segunda cosa que quiero decirle, inspector... Es gracias. Gracias por todo. En usted recae la labor mas complicada. Y si está leyendo esto es porque mi plan, en su último y mas crúel designio, funcionó. Señor Lewis, yo confío en usted incluso despues de muerto. A usted debía pasarle cuidadosamente esas pistas... Tan sutiles y esquivas, que es incluso tal vez milagroso que haya conseguido seguirlas. Inspector... Espero no haberle causado mucho sufrimiento con mi plan... Y si se lo causé... Lo siento. Lo siento mucho. Me enfrento a un enemigo terrible, y es la única manera de conseguir la victoria. Hoy no puedo detenerlo. Pero... Tal vez... Un día... Con otras personas... Otra situación... En otro tiempo... Sea posible. Y es por eso que dejo esto. Este es mi legado. Con esto... Él caerá, de una vez por todas. Y habrá un monstruo menos en el mundo.

Si tienen alguna pregunta, no duden en recurrir a nuestro amigo. Él les aclará lo que no entiendan, si es que no lo ha hecho ya.

Gracias a los dos. Mi trabajo... Por fin será terminado.

ATTE,
Jack Baldwin, Fiscal.





Leí la carta en voz alta, y la dejé a un lado. Lily y yo quedamos en silencio. ¿Estaba todo planeado? ¿Aquel terrible incidente? ¿Aquella muerte? ¿Todo era una crúel elaboración, una terrible telaraña que tejer alrededor del juez?  ¿Y quién era este “amigo”? La carta había lanzado un pequeño rayo de luz sobre el misterio... Pero, como resultado, se habían acrecentado las sombras. ¿Había, acaso, el fiscal Baldwin anticipado todo esto? ¿Era siquiera posible?

-...con esto... -Sonrió Lily.- ...podemos salvar a mamá, ¿Verdad?

Cerré los ojos, incapaz de hablar. ¿Como iba a decírselo? ¿Como iba a decirle que era imposible? ¿Qué, apenas tuviera la información, aquel hombre nos mataría a todos?

Lo había sabido, tal vez desde el principio, pero no había querido siquiera pensarlo.

-...

Abrí los ojos y miré a aquella chica, que tanto había sufrido a lo largo de este día. ¿Podía decírselo, siquiera? ¿Era capaz de decírle que desde el principio, su madre había estado condenada?




-...la salvaré. -Dije.

“¿Qué... estoy haciendo...?”

-Pero quedate aquí, por favor.

Por unos segundos, me lanzó una mirada de reproche. Sin embargo, debió notar algo en mí mas serio que de costumbre, porque no protestó.

-Volveré pronto. -Le dije, simplemente.

Me incorporé y, lentamente, salí de la casa. Comencé a caminar lentamente, allá hacia donde mis pies quisieran llevarme. Mientras avanzaba lentamente por la oscura y, cada vez más, melancólica ciudad, rumiaba.

Rumiaba, como cada minuto de aquella noche.

El hombre del abrigo violeta.

Mi encuentro con Lily.

El sicario que había confesado.

La decisión del Tribunal.

Las palabras del fiscal.

El intruso en mi oficina.

El retorno del Juez.

El secuestro de la madre de Lily.

La carta de Balwin.

...no podía. No podía con tanto misterio. Si bien intentaba mantener la compostura, lo cierto es que tantas revelaciones comenzaban a afectarme. No veía salida a aquel enorme torbellino de oscuridad.







[Parar música]

El sonido de mi celular me despertó de tan desesperantes pensamientos. Estaba sentado en una banca del Parque Kibou, no muy lejos de donde había salvado la vida de Lily esa mañana.

Atendí.
-¿...diga?

-Veo que eres alguien nostálgico, Lewis. Me sorprende que, de tantos lugares, hayas vuelto ahí.

No dije nada.

-...así que guardarás silencio, ¿Eh? De acuerdo. Solo súbete a ese auto que asoma por la esquina. Y no intentes nada. Te estoy vigilando.

Como siempre, ojalá les haya gustado.
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